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Contra el tráfico de piezas. E-Mail
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Escrito por Ezequiel Sánchez   
jueves, 13 de noviembre de 2008

Desde el arco oficial, Américo Castilla, al frente de la dirección Nacional de Patrimonio y Museos, explica que "la Ley está hecha para impedir el tráfico ilícito de los materiales, pero en ningún momento habla de prohibir los museos ni las colecciones privadas, sólo establece normas para la preservación de los materiales, en tanto que los considera patrimonio de todos. Por eso tienen que estar registradas: para que el Estado pueda tener control acerca de lo que sale del país".

El Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano es el organismo encargado de hacer cumplir la nueva ley. Para Diana Rolandi, su directora, los coleccionistas sólo tienen tres modos de obtener materiales arqueológicos y paleontológicos: "O compran las piezas a alguien que se las robó de un museo y se las vende, o se las compran a otro coleccionista o saquean un sitio arqueológico". Ahora, la ley exige a los coleccionistas lo siguiente: si tienen una determinada cantidad de piezas y pretenden venderlas, tienen que ofrecérselas primero al Estado; si al Estado no le interesan o no puede comprarlas, el particular puede venderlas a otro, siempre y cuando la venta quede registrada. "La ley —aclara Rolandi— en ningún momento impide a un coleccionista que muestre sus piezas al público; todo lo contrario: le pide a los particulares que registren sus piezas y que las mantengan dentro de las fronteras nacionales, en el marco de las cuales pueden perfectamente abrir un museo. El espíritu de la ley es precisamente mantener dentro del país las piezas, ya que pertenecen a sus habitantes".

Para José Perez Gollán, director del Museo Etnográfico de Buenos Aires (dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires), "está bien que un sistema de normas regule el tráfico de materiales arqueológicos y paleontológicos. En el interior de muchas provincias —donde el nivel de vida es muy bajo— la gente vende piezas por monedas a tipos que ofician de dealers, que a su vez las venden en Buenos Aires a los coleccionistas, por supuesto que a un precio 100 veces más alto que el que ellos pagaron. El coleccionismo es de algún modo patológico; las piezas adquieren un valor de fetiche, que no tiene nada que ver con el valor científico que puedan tener. Por otra parte, al extraerlas de su lugar de origen, las piezas pierden sensiblemente su valor científico, ya que se las saca de contexto, y esa información, hay que decirlo, es prácticamente irrecuperable".

En relación con el otro frente de tormenta generado por la regulación del patrimonio arqueológico, Gollán reconoce que la ley tiene "sus puntos débiles": "Por ejemplo —dice—, ni siquiera nombra a las comunidades indígenas y, por otro lado, no especifica de qué modo se controlarían los sitios arqueológicos".

Las comunidades indígenas también han hecho oír su protesta por el modo en que son exhibidas las momias halladas en la cumbre del volcán Llullaillaco (6.739 metros), en 1999, por el equipo del arqueólogo estadounidense Johan Reinhard. Desde enero de 2002, estas momias —pertenecen a un varón, a una niña y a una adolescente— están a la vista del público en el moderno Museo de Antropología y de Arqueología de Alta Montaña. Los estudios revelaron que los cuerpos pertenecen a niños que habían sido sacrificados por sacerdotes del imperio Inca hace más de 500 años. Sus cuerpos se conservan intactos por haber permanecido siempre a una temperatura mínima de 14 grados bajo cero en la cumbre donde fueron enterrados. El museo está climatizado con una temperatura ambiente entre los 16 y 18 grados sobre cero. Cuenta con un sistema electrónico de seguridad, y un circuito cerrado de televisión. La obra costó a Salta 810.525 pesos.

Pérez Gollán tiene una posición tomada al respecto: "No estoy de acuerdo con la exhibición de restos humanos porque estamos hablando de seres humanos, los antepasados de alguien; a nadie le gustaría mostrar a su abuela en un museo. Sí creo que hay que poder utilizar los cuerpos como material de estudio".

 

nota extraída de Diario Clarín www.clarin.com


 
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